Me llama la atención que muchos se piensen que es un mensaje personal de Iñaki; es decir, que se plantó delante del teclado de su ordenador y tomó él solo la decisión de escribir el texto que podemos leer. Esto, en realidad, es una acción planificada por el departamento de comunicación que, sabedores del cabreo generado, han decidido publicar un escrito en el que reconocen los errores y quieren mostrarse partícipes de la decepción y el malestar causados en esta horrible temporada.
Parece que estamos ante la carta que, sin duda, escribiría un alumno a sus padres después de llegar con unos cuantos suspensos en una evaluación en la que todo ha salido mal. Asumen haber hecho una temporada decepcionante al tiempo que se suman a la frustración que siente la afición; utilizan a modo de atenuante que a veces el esfuerzo no logra la recompensa y, una vez que la temporada empieza a formar parte del pasado, intentan una suerte de propósito de enmienda de cara a la próxima campaña. Incluso se valen de la posibilidad de que aún hay opciones europeas para centrar en ese objetivo la atención del partido del domingo.
Por todo ello, yo la carta la entiendo. Algo así hubiese escrito cualquiera que se encontrase en su situación. Pero si lo que quieren es reducir el cabreo, eso no lo logrará un escrito como este; para ese fin necesitarán hacer un buen partido el domingo y salir de él con opciones claras de jugarse la participación en Europa en la última jornada.
Si nos brindan un partido horroroso —otro más—, yo les recomendaría que se queden en el campo el tiempo que haga falta escuchando la pitada, que no corran al vestuario y que no pongan el himno a todo volumen; y se lo aconsejaría, además, desde el cariño. Saben perfectamente que la temporada acaba, que en unos meses comenzará una nueva y que nos volverán a tener a todos con ilusiones renovadas y apoyándoles a tope.