Cuando hablo de fútbol con la cuadrilla mientras tomamos unas cañas, a menudo suele salir a colación el asunto de cómo ha cambiado este deporte con el paso de los años.
Hay dos aspectos, entre otros muchos, muy significativos: la importancia de lanzar bien los penaltis y la de tener un portero que se defienda bien parándolos. Su relevancia es de tal magnitud que cualquier equipo que quiera ganar una competición como la Copa del Rey o un torneo europeo es más que probable que, en algún momento, tenga que enfrentarse a una tanda de penaltis.
Comienza el Mundial y, os aseguro, a partir de octavos nos vamos a hartar de ver prórrogas y tandas de penaltis. En eso también ha cambiado el fútbol: los partidos en este tipo de torneos que se van más allá de los 90 minutos se han multiplicado, y la necesidad de contar con buenos especialistas es cada día mayor. Ya no está tan claro eso de que en un penalti casi siempre vence el lanzador; ahora el futbolista debe realizar un golpeo impecable si quiere que el balón entre en la portería porque, si no, el portero se lo para.
Sirva de ejemplo este penalti que pongo a continuación: lanza Míchel y el portero es Preud'homme, uno de los mejores de esa época. Yo creo que un portero actual lo para. Si lo trasladamos a la actualidad, el de Míchel no sería un buen disparo: para tirar a colocar, el balón debe ir un poco más ajustado al palo y con bastante más potencia. El guardameta, por su parte, se lanza flojo, no se impulsa con la fuerza y velocidad con las que lo haría uno de hoy en día; aparte de que un portero actual, por lo general, supera los 190 cm, mientras que Preud'homme medía 182 cm, estatura normal para la posición por aquel entonces.