Parece que sin ser un sibarita nunca me han gustado esas marcas.
A lo sumo la Radler, hace más de 30 años tomaba San Miguel.
Dos noches de farra en Galicia principios de los 90 donde todas los garitos empezaron a vender Heineken por la pasta que ponían encima de la mesa, y el marketing me daban una resaca que ninguna otra bebida ha conseguido darme jamás, ni kalimotxo, cubatas, Gin Tonics, cualquier otra cerveza, era increíble la sed con la que me levantaba.