Un tipo de ciudad, harto de su trabajo como relaciones públicas, de fiestas y resacas, se larga a una cabaña de madera en un lugar apartado entre las Montañas Rocosas para escapar de sus hábitos.
Por allí solo pasaba el cartero cada dos semanas y el del supermercado cada viernes.
Llevaba ya seis meses de silencio absoluto y tranquilidad cuando después de haber cenado oye a alguien golpear su puerta. En la entrada estaba un rudo hombre de montaña, de casi dos metros y 150 kilos con una barba hasta el pecho, que se le presenta y se establece un dialogo entre los dos.
-Hola,-dijo el hombretón- me llamo John Smith, soy tu vecino, el que vive al otro lado de la montaña y vengo para invitarte a la fiesta de primavera que se celebra en mi casa. ¿Cómo lo ves?
-Bueno,- le contesta-, hace bastante tiempo que llevo aislado de fiestas y demás … pero creo que romper un poco la rutina no estará mal. Bien, iré, gracias. Por cierto me llamo Tom.
-Bueno, Tom, te tengo que advertir: habrá alcohol.
-No te preocupes, John, sé bien lo que es y ya sé controlarme.
-De acuerdo. También habrá baile.
¡Perfecto! –Dijo el urbanita- Me gusta bailar.
-Otra cosa: lo normal aquí es que con el alcohol, el baile y demás, habrá pelea. ¡Te lo aviso!
-Tranquilo John, ya me acostumbré a moverme en este tipo de ambientes. Ya me sé manejar.
Con una sonrisa el fornido hombre de los montes le dice: -Y ya por último: habrá sexo salvaje.-
-Vaya, que bueno. De eso, aunque pase el tiempo, uno no se olvida.
-Bueno Tom, entonces nos vemos en mi casa el sábado que viene a la seis de la tarde. No tienes más que seguir la carretera hacia el este y en hora y media en tu coche ya habrás llegado.
-Gracias, John. Allí estaré.
En esto que el barbudo se está alejando, Tom le llama:
-Eh, John, se me había pasado preguntarte. ¿Qué tipo de ropa me irá bien para la fiesta?
-No te preocupes, lleva la que quieras. ¡¡ Vamos a estar los dos solos ¡¡